Editoriales

Gaceta

Por: Raúl Terrazas Barraza

*Clases sí o sí

La polémica está viva, clases sí o no, clases sí o sí, en un escenario dónde los alumnos de todos los grados escolares y niveles deben estar en sus escuelas para retoma el aprendizaje como se encontraba establecido en los programas antes de la pandemia de COVID-19.

Ya existen en Tamaulipas muchas escuelas con clases, sin embargo, faltan muchos estudiantes debido a que, los padres optaron por la alternativa que a fines de julio pasado dio el presidente de la República, Don Andrés López Obrador, en el sentido de que, sería respetuoso de la decisión de los padres de familia para enviar o no a los alumnos a clases presenciales.

El punto es que, es difícil encontrar el límite en el cual perdura la idea de los maestros y trabajadores de la educación pública para que no haya clases debido al riesgo latente de contagios de coronavirus, pero, el asunto es que, las semanas pasan y pasan sin que haya claridad en el asunto.

Hay quienes creen que es un asunto de determinación, que los maestros se presenten en las escuelas en las condiciones que estas se encuentren, para echar a andar todos los mecanismos internos de las instituciones y que funciones como debe ser, porque entre pretextos de profesores de grupo, de personas de todos los niveles de las áreas administrativas y hasta los de intendencia, resulta que la negativa a acudir a las escuelas es aquello que predomina.

Muchos suponen también que la Secretaría de Educación Pública que tiene a su cargo la maestra Delfina Gómez Álvarez, tiene que actuar en consecuencia, porque el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación parece haberle tomado la medida, al salir en defensa de los intereses de los profesores para no ir a clases presenciales debido al temor de contagio de COVID-19 en virtud de que nunca falta alguien que pone en riesgo a los demás.

El recuento de agosto para acá todavía genera confusión, unos dicen que no y sí a las clases presenciales, mientras que otros consideran que es sí o sí, en atención a la propuesta presidencial respecto a que es urgente que los alumnos estén frente a sus profesores para recuperar el espacio que se perdió en los semestres que las escuelas se quedaron si alumnos y maestros.

Es cierto que el deterioro en que se encuentran las instalaciones educativas, por el daño que ocasiona a la infraestructura el abandono, es significativo, solo que, también es que, mientras los implicados en la educación no se apersonen en los edificios las cosas seguirán como hasta ahora, ya que, en ningún momento se presentarán empresas constructores con decenas de trabajadores y todos los materiales e insumos para dejar las escuelas bien chaineadas, eso no será así, se requiere de que cada quien colabore en la forma que pueda y que, el uso de los edificios se convierta en la herramienta para la rehabilitación de la infraestructura.

En esta capital corrió la versión de que las instituciones de educación media superior, conocidos como CEBTIS, estarán ya al cien por cien en clases presenciales, aunque prevalece la confusión, porque unos dicen que no, otros que sí y muy pocos consideran que sí sí, habrá clase ya. La información hace ver que los pretextos de los padres de familia ya se acabaron y que, los de los maestros también porque basta observar las redes sociales para darse cuenta de que ambos hacen todo, menos considerar la idea de las clases presenciales, hasta se mantienen de viaje, como si anduvieran de vacaciones.

El pasado mes de junio, a unos días de que concluyeran las clases del ciclo lectivo anterior, se decía que una de las decisiones más complejas de los gobiernos de las naciones en tiempos de pandemia es la reapertura de escuela, porque la salud y el bienestar de los estudiantes es prioridad, de ahí el alto nivel de debate alcanzado en este asunto de la presencialidad y la virtualidad.

La defensa para que los alumnos y maestros estén de nuevo en las aulas, precisa que la ausencia prolongada de los alumnos en las escuelas impacta de dos formas, el desempeño académico y el aspecto sicológico, en el entendido de que ambos afectan el proceso de aprendizaje en forma negativa.

El confinamiento tiene desesperados a los alumnos, casi de todos los niveles porque dejaron de convivir con sus amigos, profesores y del mundo escolar en el que vivían antes de la pandemia, incluso, hasta dicen que les falta ir a las papelerías para comprar aquello que requieren para sus tareas y encontrarse a compañeros que andaban con la misma preocupación de ellos a todas horas del día

En el ciclo que comenzó el pasado mes de agosto, hay referencia de padres de familia descontentos, porque los alumnos de primaria y secundaria no tienen las clases en línea como están programadas, situación que a las mamás no les late el hecho de que los profesores solo envíen guías y los alumnos deban de responderlas sin que medie explicación o ejemplos para que el aprendizaje sea efectivo.

También los padres de familia creen que infinidad de maestros ya el tomaron la medida a sus directivos, las Secretarías estatales y a la Federal, porque en el fondo no quieren estar de nuevo en las escuelas, dado que, la mayoría de los pretextos viene de ellos y aunque parezca extraño, la organización sindical a la cual pertenecen les protege. Desde luego no es el caso de todos los profesores, porque sí los hay que están prestos a reincorporarse a las clases presenciales.

Es probable que el secretario de Educación de Tamaulipas, Mario Gómez Monroy deba de pactar con la Sección 30 del SNTE que tiene a su cargo el profesor Rigoberto Guevara Vázquez, para que, aquellos profesores que por cualquier motivo o pretexto no vayan a clases presenciales, les descuente el día.

Por cierto, al secretario Gómez le quitarán a una de sus funcionarias, la subsecretaria de Educación Básica, Magdalena Moreno Ortiz, porque la incorporan a trabajar en el comité estatal del PAN, según el proyecto que tiene el dirigente de ese partido, Diputado plurinominal Luis Cantú Galván.

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