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Gaceta

Por: Raúl Terrazas Barraza

*Mexicanos, limitada educación para la salud

Ahora que los escolares mexicanos están a punto de acudir de nuevo a las escuelas, cosa que dejaron de hacer hace casi un año y medio con motivo de la declaración de emergencia sanitaria por la pandemia de COVID-19 y que, en gran parte implica una enorme responsabilidad para los maestros, como debió de ser siempre para asuntos de salud.

Por ello, en base a esto último es relevante analizar el trabajo del Dr. Jorge Gage Barragán profesor de la Escuela de Salud Púbica de México y presentado en ocasión del Primer Coloquio Interamericano sobre el Conocimiento del Niño, en la Ciudad de México en noviembre de 1963 y en virtud de que, desde entonces a la fecha, los maestros le sacan la vuelta al renglón de educación sanitaria porque no está en el programa educativo que les toca llevar a cabo y que, de haber incorporado a la educación pública las propuestas de investigador, la educación sanitaria fuera una fortaleza frente a cualquier epidemia y pandemia

Estableció el Doctor Gage Barragán que el derecho del niño a una vida sana y la necesidad impostergable de mejorar las condiciones de vida de la población de Latinoamérica, exigen que se dé a la educación para la  salud con un enfoque informativo más amplio y eficaz.

El personal docente ocupa un lugar privilegiado para el logro de lo anterior, y por ello es conveniente puntualizar cuáles son las metas que el profesor debe perseguir al instruir sobre educación. Se trata de dos fines, el primero encaminado a obtener la conciencia sanitaria del escolar y el otro destinado a conseguir el mejoramiento del estado de salud de la comunidad.

Subraya además que la creación de la conciencia sanitaria del escolar entraña la capacitación del niño para que pueda alcanzar la salud por medio de su esfuerzo y comportamiento, asimismo, que pueda cooperar en la consecución de la salud de su familia y de su comunidad. El mejoramiento del estado de salud de la comunidad implica en mayor o menor grado la modificación del ambiente físico y el socio-cultural.

Esta modificación es fácilmente realizable cuando las personas han recibido el impacto de una educación sanitaria adecuada que las ha hecho conscientes de la necesidad de fomentar su salud.

Desde 1963 está planteado que, para que el profesor esté en condiciones de poder participar en el proceso educativo sanitario y por ende cumplir con las metas señaladas, necesita poseer información básica sobre el desarrollo humano como un proceso continuo, desde el nacimiento hasta la senectud, con énfasis en la edad preescolar y escolar.

También poseer Información básica sobre las enfermedades y trastornos más comunes que padece el niño de acuerdo a  la epidemiología nacional y regional y  la  prevención de los mismos, además, información básica sobre higiene, datos elementales de los programas escolares de higiene, los sanitario-asistenciales y los recursos de salud pública.

Sin dejar de lado hábitos, actitudes y conductas concordantes con la enseñanza que debe realizar y mostrar en todo momento habilidad para adaptar la enseñanza de la educación sanitaria de acuerdo al medio en que actúe y los recursos disponibles tanto escolares como extra-escolares.

Incluso el profesor de la Escuela de Salud Pública de México en la época del años 60s, detalló que en el caso de las enfermedades y trastornos más comunes del niño, sin que los profesores sean doctores, debieron conocer de enfermedades infecto-contagiosas, parasitarias, de dientes y encías, carenciales, trastornos funcionales , anomalías de la conducta, traumatología, intoxicaciones, emergencias médicas y enfermedades degenerativas.

También debieron de saber sobre control de factores ambientales para una mejor educación en salude los niños que con el paso de los años serían adultos, entre ellos la condición de agua para consumo, la eliminación de excretas y basura, higiene de los alimentos, sobre inmunizaciones, nutrición apropiada y la realización de exámenes médicos para descubrimiento temprano de padecimientos y sobre todo de higiene, todo tipo de higiene y el valor que tiene para la salud.

De manera que, en la antesala de las clases presenciales, la diferencia ante la pandemia pudieron ser los maestros, sin embargo, la educación para la salud esta fuera del esquema enseñanza.

Incluso, en el apéndice el trabajo presentado hace 58 años en el Primer Coloquio Interamericano Sobre el Conocimiento del Niño, indica sobre la existencia de normas didácticas que pueden servir al maestros en la enseñanza de la educación para la salud.

A decir, La educación sanitaria trata de fomentar una vida sana, esto es, que la conducta adecuada determina la vida con salud, por tanto, la salid del niño depende de lo que hace, no de lo que sabe, de ahí que el niño tiene que concebir la higiene como algo asociado a la vida diaria, no como una disciplina que debe aprenderse de memoria.

Una segunda norma, aquella que precisa que una buena educación sanitaria está relacionada con la higiene del niño, de la escuela y de la comunidad, es entonces cuando debe inculcar de todas formas la importancia de la higiene en los estudiantes de educación básica y debe actuar a través de un plan sanitario de la escuela para que la comunidad educativa participe en su realización.

Las clases presenciales convierten a los profesores en obligados solidario de educción para la salud y aunque no quieran colaborar con este tema, por la pandemia de COVID-19, llegó el momento de convertirse en aliados de las autoridades de salud y dejar de ser limitativos o mantenerse ajenos al tema de la salud.

Si en las clases presenciales de septiembre venidero hay casos de COVID-19 en escolares, la responsabilidad también será de los profesores, máxime cuándo los educandos quieren saber más del padecimiento que los alejó de las aulas y les confinó en sus hogares. La organización sindical de los maestros debe colaborar en la educación para la salud de los alumnos, algo que quizá esté de acuerdo en fomentar el profesor Rigoberto Guevara Vázquez, líder del profesorado en Tamaulipas.

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